Operación Trompeta

La visita de Francisco a México, un nuevo reto para la iglesia Cristiana de nuestra nación.

A propósito de la próxima visita de Francisco a México, he tenido oportunidad de escuchar nuevamente en boca de los pastores, como en las visitas de sus antecesores: – Oremos para que el Papa no venga a México -, y tal como sucedió en el pasado, es muy probable que el jerarca en turno llegue el próximo 13 de febrero para inaugurar una nueva gira papal sobre el país.

Por supuesto que comparto la idea de orar para que no venga, pero si a causa de la división y mal comportamiento de algunos sectores del liderazgo cristiano, todavía no tenemos una autoridad espiritual mayor a la suya para impedir su presencia en la nación, entonces debemos reaccionar. Tenemos la obligación de hacer un análisis serio del reto que tenemos ante nosotros.

Francisco es Jesuita, ecuménico, carismático, y con una capacidad extraordinaria para comunicar e impresionar a las masas por su sencillez y aparente humildad. El objetivo de su visita en el terreno natural consiste en fortalecer la institucionalidad de la iglesia católica, incrementar la idolatría en medio de nuestra crisis política, social, y económica, dando todo crédito al catolicismo, así como a la figura de la virgen de Guadalupe en las soluciones y avances que puedan lograrse.

En el terreno de lo espiritual, su tarea busca establecer nuevos pactos ecuménicos que diluyan las diferencias religiosas en nombre de la paz y del amor, buscando la unidad de todos los credos bajo el paraguas de su figura papal, desvirtuando con ello el valor del sacrificio de Cristo, al substituir la redención en la sangre de Jesús, por la confianza en el hombre. Otro de los propósitos no menos importantes en su agenda, consiste en robustecer el espíritu de homosexualidad, cambiando con palabras y sabiduría humana el paradigma mental de la gente, apelando a los derechos humanos sobre las leyes de Dios, para exacerbar y validar los deseos torcidos de la carne, en oposición a la justicia de Dios.

El reto es excepcional, pero también la victoria. Si decidimos ponernos a cuentas con el Padre, sometiéndonos ante el Espíritu Santo para ser alumbrados con su verdad, pidiendo perdón por nuestras faltas, cambiando de dirección en nuestra forma de pensar, y accionar como embajadores de Su Reino, para luego entregarnos a la oración bajo Su dirección en intercesión por nuestra nación. Sin arrepentimiento ni unidad, cualquier campaña de oración, por prolongada e intensa que sea, carecerá de impacto trascendente sobre nuestro país.

Hoy es tiempo de levantar muros vivos de oración e intercesión por México, a través de cada uno de los hijos de Dios. Si usted es esa persona clave que Dios está llamando, sólo tiene que unirse a Operación Trompeta, un ejército de intercesores encabezado por el Padre, que no busca enaltecer a ningún hombre, ni ministerio.

Las acciones propuestas son muy sencillas de poner en práctica, y sin lugar a dudas el efecto espiritual de cada una de ellas será impresionante.

1. Integrarse a la cadena de oración que ya está en curso por la salvación de México.

2. Apoyar y coordinar brigadas de evangelistas que inunden las ciudades como un poderoso río de justicia, durante la visita de Francisco.

3. Integrar al mayor número de líderes en todo el país hacia el arrepentimiento y unidad en ésta causa común, sin divisiones ni protagonismos.

4. Formar comunidades de intercesores en toda la nación a través de las diferentes redes sociales.

5. Buscar y atender a la voz del Espíritu Santo, reportando cualquier palabra profética o revelación espiritual respecto a este asunto en la red de activa México (Facebook).

Soy el primero en reconocer que necesito la sabiduría de lo alto para cumplir con mi asignación, y oro para que usted disponga su corazón en unidad con los propósitos del Reino, sin ver al hombre. Agradezco su atención y espero con mucho interés recibir sus comentarios.

Su consiervo en la Fe,

Hermano Oscar Venegas